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Síndrome Metabólico y DM
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          Todos nos habremos dado cuenta, de que el modo de comer y comportarnos en la actualidad ha cambiado enormemente en los últimos 50 años. De hecho, apenas nos desplazamos, no comemos pausadamente y la “comida de la huerta” ha dejado paso a la “comida rápida (fast food). Evidentemente todo esto tiene una clara consecuencia: el aumento de peso. Y, si sólo fuera eso, se trataría de un gran problema, pero además está comprobado que esa mala alimentación y el sedentarismo asocian varios factores de riesgo y, por tanto, todos tenemos un riesgo cardiovascular más alto.

          El aumento del peso y los malos hábitos son causantes de aumento de triglicéridos, aumento de colesterol LDL (colesterol malo), descenso del HDL (colesterol bueno), mal manejo de glucemias (insulinorresistencia y diabetes), aumento de perímetro abdominal, aumento de tensión arterial, aumento de frecuencia cardiaca por falta de hábito de ejercicio y mucho problemas más. Todos estos problemas juntos fueron unidos y llamados “síndrome metabólico”, lo que antes fuera denominado “síndrome X”, y lo que pretendía describir era un grupo de personas con características similares que tenían claramente un mayor riesgo de padecer problemas cardiovasculares.

          Hoy entre el 30 y el 50% de la población tiene criterios de síndrome metabólico. Sí, así es, lo que en países subdesarrollados es meramente anecdótico, en Europa y EEUU la población casi entera tiene criterios que le predicen alto riesgo.

          La solución, sin embargo, es clara: cambiar los hábitos por otros realmente saludables, y poco a poco se reducirán los factores de riesgo, a la vez que se reduce el peso.

          Por otra parte, el aumento de peso está fuertemente relacionado con la presencia de resistencia a la insulina. Es decir, no es que falte insulina, es que ésta no es capaz de actuar correctamente por lo que la energía que comemos y que pasa a la sangre en forma de “azúcar” (glucemia), se acumula sin control dando lugar a cifras cada vez más altas, hasta que las alarmas saltan y acabos convirtiéndonos en diabéticos (al alcanzar cifras de 126 mg/dl en más de una ocasión de forma basal, es decir, en ayunas).
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          Una vez sobrepasado estos niveles prácticamente es imposible volver a la normalidad y siempre necesitaremos un control estricto e incluso un tratamiento con fármacos o insulina. Por tanto, es necesario la prevención por encima de todos perdiendo ese peso que nos lleva a ser diabéticos en un futuro nada lejano, y evitar las consecuencias de la diabetes (problemas oculares, alteración en todos los vasos del cuerpo con mayor tendencia que el resto de la población a accidentes cerebrales, a infartos cardiacos, a problemas de circulación de las piernas, enfermedades del riñón, etc.etc.

          Una buena dieta y ejercicio diario nos aleja el fantasma de la resistencia a la insulina y al gran ogro de la diabetes. Ya sabéis: “Prevenir antes que curar”, porque aunque la diabetes cada vez se trata mejor y con mejores fármacos, no hay que engañarse, sin duda, es mejor no tenerla.
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