El "Colesterol"
Uno de los invitados principales a la placa de ateroma que puede llegar a producir un infarto es, sin duda, el colesterol. Pero, como también muchos ya saben, no todo el colesterol es malo, es más, el colesterol es necesario. Gracias a él podemos formar células que son la parte vital de nosotros más pequeña que existe y que las tenemos a millones en nuestro interior, cada una cumpliendo su función. Nuestras células lo necesitan para aislarse del exterior y defenderse.
Sin embargo, tenemos mucha más materia prima de la que necesitamos. Aunque todavía a día de hoy no está claro la cifra de colesterol necesario, sí tenemos muy claro qué cifras son perjudiciales en lugar de beneficiosas, y dentro de unos años quizá tengamos el nivel más bajo pero actualmente todo parece decantarse a cifras de LDL (colesterol malo) de 50-70 y como máximo de 100 si hemos padecido del corazón, siendo un poco más benévolos si estamos sanos permitiendo cifras de hasta 115-130 aunque todo parece indicar que en poco tiempo estas cifras se quedarán obsoletas y la barrera de los 100 valga igualmente para los “sanos”. ¿Querrá esto decir que toda la población tomará estatinas para bajar el colesterol? Pues, ni sí ni no, está claro que cada vez va a recomendarse más su toma pero es una locura hablar de medicación cuando precisamente son los hábitos de vida los responsables de ese colesterol y, en gran parte, de los problemas cardiovasculares.
Si todos los días hiciéramos algo de ejercicio, perdiéramos un 5% de nuestro peso en varias semanas y controláramos las grasas de la dieta, podríamos reducir entre un 20-30%, grasa mala. Es éste claramente nuestro primer tratamiento a emplear. Los demás tratamientos pueden ser tan potentes como para reducir un 50% el colesterol pero no están exentos de riesgo, y pueden existir complicaciones, la mayoría leves, que podríamos evitado controlando el factor precipitante de nuestra dislipemia.
Hemos hablado hasta ahora del LDL, pero no lo es todo. A día de hoy es el factor de riesgo más importante pero el HDL (colesterol bueno) gana importancia día a día según los estudios de los últimos años. La diferencia con el LDL es inmensa, de hecho, el HDL tiene que se cuanto mayor mejor y se ocupa de un trabajo completamente opuesto a las LDL, puesto que recupera de los vasos la grasa depositada en lugar de depositarse. Y a diferencia del LDL hay pocos fármacos para su control, por lo menos con tanto éxito. Los fármacos actuales suben entre un 5-15% el HDL así que el resto debe conseguirse con el mejor de los fármacos para ello el ejercicio que prácticamente consigue lo mismo que una pastilla junto a una dieta equilibrada rica en frutas y verduras.
El último factor de riesgo, algo más relegado, aunque muy importante también en la enfermedad cardiovascular son los triglicéridos, que son, en la mayoría de los casos muy dependientes de la grasa de la dieta, por lo tanto igual que marcábamos la importancia del ejercicio para el HDL, remarcaremos la importancia de la dieta para los triglicéridos.
No hay que recordar que el colesterol alto (refiriéndonos en esta expresión coloquial al malo LDL), NO DA SÍNTOMAS. Mucha gente piensa que si está bien no tiene colesterol. Pues nada más lejos de la realidad, la única forma de saber si tenemos colesterol es mediante una analítica de sangre. Y si ésta está muy alta habrá que ponerse en marcha para controlarla lo antes posible puesto que pudiera ser que la primera vez que sabemos de ella sea en un Hospital cuando el médico pasa y nos dice: “¿sabía usted que tenía el colesterol muy alto?” para sorpresa de nuestro herido corazón.
CLUB DEL LDL 50-70
¡Chicos, somos los elegidos!