Calidad de vida y trabajo tras un infarto
Existe una muy mala información sobre la actividad laboral tras un infarto. Desde luego, cuando un paciente sale del hospital, ya está capacitado para caminar, comenzar a hacer ejercicios suaves progresivos (a ser posible dentro de un programa de rehabilitación cardiaca) y poco tiempo después, si el médico lo considera oportuno, reiniciar su vida normal.
¿Qué es vida normal? Pues, volver a trabajar, volver a realizar actividades que conlleven esfuerzos ligeros-moderados, volver a cargar con responsabilidades que no sean sometidas a un estrés excesivo... bien, cualquier actividad que hay que recomendar a todas las personas, hayan o no pasado un problema cardiaco.
Por tanto, un paciente coronario puede y debe volver al trabajo, siempre y cuando no haya tenido un cambio radical de su situación por pérdidas de territorio cardiaco que conlleven insuficiencia cardiaca u otras alteraciones, que en su caso le explicaría su médico y, por lo cuál, el trabajo podría verse aplazado en su reinicio o incluso definitivamente abandonado.
Existe, sin embargo, mucha tendencia a demandar bajas laborales de larga duración e incapacidades para mantenerse en su sitio de trabajo. Está claro que hay muchos trabajos rozando lo permisivo para cualquier persona, tanto por sus horarios como por el estrés psíquico o físico con el cargan, pero en cualquier caso, no debe ser el evento coronario la excusa para no reiniciar progresivamente un trabajo estable, y debe demandarse según las leyes vigentes que se cumplan las condiciones de trabajo idóneas para cualquier persona, y en concreto después de un problema así, con más rigidez si cabe.
Pero, ¿Por qué volver al trabajo? Porque trabajar es un hábito que nos va a alejar de muchos problemas psicológicos y de malos hábitos, tanto sedentarismo como consumo de sustancias nocivas. Está claro que un tiempo de descanso, tanto las vacaciones como una baja tras un problema cardiaco, de entre 1 y 3 meses puede ser beneficiosa para que podamos solucionar los problemas de afrontamiento que surgen en esos momentos, pero prolongar esa situación, sobre todo en edades relativamente jóvenes, entre 40 y 60 años, nos puede alejar de un comportamiento social adecuado, o puede evitarnos llevar a cabo una alimentación y un ejercicio adecuado. Evidentemente depende de cada persona y de cada problema personal, pero aunque en caso de molestias con el esfuerzo, o de daño cardiaco irreversible importante, será el médico el que marque las recomendaciones oportunas a propósito del trabajo, en la gran mayoría de los pacientes coronarios hay que entender la enfermedad sufrida como un tropezón en el camino de la salud, que afortunadamente cuenta a partir de ese momento con una llave que puede darnos la solución a muchos problemas: cuidar nuestros factores de riesgo y hacerlos salir de nuestra vida, a la vez que mantenemos en ella el resto de factores y actividades que convivían sin causar especiales problemas hasta ese momento, como el trabajo.