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La enfermedad coronaria y su tratamiento
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          Médico: ¡Aquí tiene usted el alta! Tómese la medicación que pone al final de esta hoja y vaya a ver a su médico de cabecera que le derivará en unos meses a su cardiólogo de zona.

          Paciente: Muchas gracias por todo, se han portado todos muy bien conmigo.

          Y aquí acaba una etapa muy dura de nuestra vida con una sonrisa… pero justo cuando estamos en el ascensor para irnos, de pronto empiezan a surgirnos por la cabeza preguntas que hasta ese momento no habíamos hecho al médico: entonces ¿puedo empezar a caminar? ¿Cuándo tengo que volver a trabajar? ¿Tomaré todo esto de por vida? Y lo más grave de todo ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE ME HA PASADO?... y ¿Cómo puedo evitar que vuelva a suceder? ¿Estoy condenado de por vida?
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          No me negarán que a la gran mayoría les pasó algo así. La única satisfacción es poder contarle al médico de cabecera todas estas preguntas. Sin embargo, vuelve a decaer nuestro ánimo cuando a muchas de estas preguntas nos deriva al especialista, o lo que es lo mismo, un ciclo vicioso sin soluciones.

          La Prevención y Rehabilitación Cardiaca intenta paliar todas estas soluciones con la intención de que a los 3 meses todos volvamos al trabajo con normalidad de ser posible, y todos tengamos respuesta a cada una de nuestras preguntas.

          Pero ¿Qué nos ha pasado? La nomenclatura médica no ayuda mucho: SCASEST, SCACEST, infarto, angina inestable… todo parece un jeroglífico; no se crean, para los médicos muchas veces también es así. Lo realmente importante no es ya si hemos tenido una angina o un infarto. La única diferencia entre esas dos palabras es cuando se ha dañado algo de miocardio o “sólo se ha quejado”, para ello los médico medimos una molécula llamada troponina que nos distingue entre angina (normales) o infarto (altas, y por tanto daño celular). Sin embargo, no quiere decir que el pasar de un diagnóstico de inicio de angina a uno de infarto sea mucho peor. Hay muchas valoraciones médicas que nos aportarán datos pronósticos. De hecho si nuestro médico nos dijo que todo había ido muy bien y que había sido un infarto pequeñito y que el corazón se contrae bien, y la arteria dañada, de haberla, está bajo control, deberemos estar completamente tranquilos de que con casi total seguridad podremos reiniciar nuestra marcha habitual muy pronto.
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          Otros parámetros tales como la fuerza del corazón (fracción de eyección), territorios sin movimiento (aquinéticos), o la presencia de coronarias dañadas sin poder tratarlas adecuadamente (no revascularizables) son datos que pueden maquillar el diagnóstico de angina o infarto y hacernos mirar la evolución con mayor o menor optimismo.

          En cualquier caso, existen consultas de enfermos no revascularizables (porque no se pueden tratar percutáneamente o con cirugía) y que sin embargo, llevan una vida en la mayoría de los casos plena y alejados de la recaída por un correcto control de sus factores de riesgo. Así que, aunque nunca nos podemos confiar con la enfermedad coronaria, tampoco debemos nunca tirar la toalla porque si usamos la prevención correctamente tenemos pocas posibilidades de perder la larga batalla de la cardiopatía isquémica. Sí, es verdad que durará toda la vida… pero cuidándose se puede vivir igual de bien, o incluso mejor que antes, ¿no lo veis así?
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