Cuando hace poco más de 6 años acabé la carrera de Medicina e incluso en los primeros años de mi corta experiencia profesional como cardiólogo, nunca había oído hablar de la “Prevención y Rehabilitación Cardiaca”, pero, afortunadamente, en los últimos años este es un término que se está haciendo cada vez más usual dentro de los profesionales médicos, sobre todo y en cuanto al área que nos compete, a partir de la creación de la unidad en este hospital.
Los médicos estamos acostumbrados a solucionar problemas cardiacos de mucha gravedad y ante los que el paciente no duda en ponerse en nuestras manos gracias a la confianza que se ha generado a lo largo de los años. Actuamos rápidamente, administramos tratamientos y muchas veces solucionamos el problema. A los pocos días vemos como ese paciente que llegó tan grave en ambulancia al hospital se marcha felizmente por la puerta con su tratamiento.
Pero nuestro trabajo no debe terminar aquí, porque a muchos de estos pacientes, cuando llegan a su casa, a su sofá, a su soledad, se les genera gran cantidad de dudas que no se había parado a pensar durante su hospitalización: “¿por qué a mí?”, “¿qué he hecho mal?” y sobre todo, “¿qué tengo que hacer ahora?”… preguntas que muchas veces no saben contestar y de las que dependen en gran medida su futuro.
Es aquí donde radica la importancia de los Programas de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Está claro que, desde nuestra posición de médicos, puede resultar relativamente fácil convencer a un paciente de que se tome una serie de pastillas para su corazón, pero esto no es suficiente porque resultaría algo inútil que se siguiera el tratamiento si no conseguimos que el paciente cambie su estilo de vida, que en mucho casos es el responsable de haber llegado a esta situación. En este sentido es nuestra obligación como profesionales dar toda la cobertura necesaria para poder ayudar a los pacientes y ofrecerles estos programas.
Entiendo que resulta muy difícil modificar la vida de una persona para que cambie esos hábitos que tanto tiempo le llevo cogerlos, pero es aquí donde está nuestro reto y la satisfacción en caso de conseguirlo. Para ello es imprescindible una estrecha relación médico-paciente y los programas de Rehabilitación Cardiaca. El éxito de estos programas radica en hacer partícipe al paciente de su propia enfermedad, haciéndole comprender la importancia de la misma, que muchas veces se olvida con el paso de los meses, e implicando al propio paciente como parte de un equipo que solo tiene como objetivo mejorar su propia salud.